
Entrevistas y comentarios de prensa
---------------
|
|
|
|
En torno a la genial obra de Juan Carlos Altamirano NUEVA GUIA PARA PERPLEJOS, por Eliseo Ferrer (Revista PURA RAZA 9-99, España) |
"El Caballo Español: por y para un rey"
Debrett´s Equestrian World (Inglaterra). "Un nuevo estudio sobre el origen del caballo español revoluciona su historia." |
|
Historia de los Caballos Cartujanos. Juan Carlos Altamirano UNA FUNDADA PROVOCACIÓN, por Eliseo Ferrer (Revista PURA RAZA, 11-99) |
Entrevista realizada a Juan Carlos Altamirano por el periodista Eliseo Ferrer. (Revista PURA RAZA, el 9-99) |
|

LA MODA DE LA HISTORIA ECUESTRE
OPORTUNIDADES A VUELAPLUMA
por Benito J. Tierz
(Revista Pura Raza, mayo de 2001)
|

EN TORNO A LA GENIAL OBRA DE JUAN CARLOS ALTAMIRANO
Por Eliseo Ferrer
(Revista PURA RAZA 9-99, España)
Espero que el amigo Paco Juárez, maestro de varias escuelas e ilustraciones, sepa agradecer este rapto de erudicción cordobesa tras robarle a Maimónides la cartera, ya que no espero del resto de los lectores otra cosa que el desconcierto y la perplejidad que, en coherencia, pretende cultivar esta página. Actitudes bien distintas de la confusión y de la demagógia que algunos pudieran atribuirles y que son, por definición, la base indiscutible del escaso conocimiento que podamos llegar a tener del mundo. Porque una vez más el mundo, que no sale de su asombro, parece que ha vuelto a las andadas al hacer dogma de fe de un exceso de fantasía cartujana. A los estudiantes que llegábamos a la universidad de los años setenta armados de endebles y peregrinos argumentos las brumas escolásticas de nuestras legañas nos impedían divisar las altas cumbres de la fenomenología. Llegar a Collingwood sin entender apenas nada suponía, por ejemplo, todo un alarde de destreza, cuya ignorancia paliaba ironía y el mejor humor de la estudiantina. Si mister Collingwood no cuadraba con nuestros esquemas preconcebidos, se le convertía en un personaje literario y de leyenda, fruto del maridaje de una melopea opiácea de sir Thomas Quincey y de una mala digestión de la barriga de Chesterton. Y tan campantes... Porque aquello de que la Naturaleza sólo podía ser observada como creación de la Cultura suponía demasiado hueso para el imposible esfuerzo de tan tiernos colmillos. Ahora, que florece el rigor del método y la antropología cultural en la dehesa, mientras en la universidad española se suicidan los geranios y las margaritas, vuelve a ocurrir tres cuartos de lo mismo. Altamirano, igual que Collingwood, el genio de Husserl y tantos otros, nos está dejando a todos, ganaderos, maestros, aprendices, oyentes o simplemente sacerdotes de las esencias ausentes, con los ojos como platos y con un palmo de narices. Armado de herramientas que descartan toda retórica, pero provistos del amdamiaje del mejor Método, ha convertido una pasión de quince años de trabajo en un auténtico giro copernicano que derrumba los muros de La Cartuja y pone a prueba la estabilidad acomodaticia de nuestras neuronas (y de nuestros intereses, está claro). Porque ahora resulta, como se desprende de su documentada y probada investigación histórica (un empirismo que no abandona nunca los presupuestos de la Nueva Ciencia: pruebas documentales sometidas al criterio de un punto de partida o idea previa, que convierte en hipótesis que, a su vez, ha de ser probada con argumentos de tesis), que el Caballo Español ni es obra de Dios, ni de la Naturaleza, ni resultado de esa entelequia que se ha dado a llamar "caballo ibérico", ni mucho menos, como prueba su libro de reciente aparición, descubrimiento de los frailes cartujanos. Resulta que el Caballo español fue un invento de la política imperial del nunca bien ponderado Felipe II, quien mano a mano con don Diego López de Haro, tuvo la audacia de crear ese pedazo de équido que la historia ha terminado moldeando a su manera y que en su día debió dejar acogotados a cortesanos europeos, papas, obispos y cardenales. Todo un alarde de poder, además de indiscutible cuestión de Estado, cuyo cuello de cisne emerge de los retablos barrocos para provocar unas elevaciones al trote que debieron convertirse en signo y manifestación externa de una política que sólo Dios legitimaba y que sólo los tribunales del Santo Oficio garantizaban con sus trágicas inmanencias. Sometidas a la jurisdicción extraordinaria del emperador y ante la que no cupo la competencia de uno sólo de los tribunales de la época, como sabemos por Altamirano, Las Caballerizas Reales de Córdoba se convirtieron en el taller donde el orfebre López de Haro dio forma a esa gran Obra Abierta que es el Caballo Español: el rostro amable de la contrarreforma, inventado quizá para redimir con la belleza de sus aires elevados el oscurantismo subterráneo de los inquisidores y los teólogos. Y de nuevo la naturaleza como creación y recreación de la cultura (e incluso del arte): la naturaleza como obra del hombre y de la historia, si se quiere. Que ese es el doble mérito de los dos trabajos de Altamirano ("Historia y origen del caballo español: las caballerizas reales de Córdoba" e "Historia de los caballos cartujanos"): la seriedad y el rigor documental, en primer lugar, con que aborda el desarrollo de su investigación histórica, pero también, no lo olvidemos, el alcance Antropológico e Histórico (con mayúsculas) de sus dos trabajos. Y al final de tan largo itinerario (quince años de trabajo), la luz... Pero también esas inevitables ruinas hegelianas que nos miran por la espalda. Porque la civilización tiene esas rarezas. De no provocar la confrontación y la lucha con otras ideas, la ciencia dinamita templos, mitologías y liturgias sin piedad ni misericordia, mientras los viejos mandarines y sacerdotes lloran, sin techo, en el descampado de las estrellas. Volver
Volv
"El Caballo Español: por y para un rey"
Debrett´s Equestrian World (Inglaterra)."Un nuevo estudio sobre el origen del caballo español revoluciona su historia."
Son conocidos los trabajos que analizan el origen de algunas razas caballares de reciente creación pero, hasta la actualidad, inexistentes los de razas anteriores al mundo contemporáneo. Se ha escrito extensamente sobre los antecedentes de algunas de éstas, como pueden ser la raza árabe o la española, pero en ambos casos se han utilizado leyendas para situar su creación. Basta consultar la bibliografía existente para comprobar como de la raza árabe se dice, entre otras cosas, que procede de las yeguas del rey Salomón; del mismo modo, para la raza de caballos españoles se ha dado por ciertas una serie de leyendas y especulaciones creadas en torno a ella, que por su mera repetición han ido cobrando visos de "verdad" histórica. Estas narraciones que se han ido asimilando acríticamente y transmitiéndose de generación en generación, han llegado a formar un gran puzzle en el que las piezas no encajan cuando se intenta ordenar.
La historia del Caballo Español que se conoce en la actualidad fija su atención en dos puntos claves: la prehistoria y la Cartuja de Jerez de la Frontera (Cádiz, España). En el primero se ha situado el origen de la raza española y se ha explicado su morfología mediante teorías que la atribuyen a la selección natural. Los mismos autores han asignado a los monjes de la Cartuja de Jerez de la Frontera (fundada en 1484), el mérito de conservar la pureza de los caracteres que la naturaleza dio a ese caballo.
Todas estas afirmaciones han sido recientemente puestas en cuestión en uno de los primeros estudios que analizan en profundidad la historia de una raza de caballos anterior al mundo contemporáneo. En Historia y origen del Caballo Español: las caballerizas reales de Córdoba, su autor, Juan Carlos Altamirano, ha elaborado la historia de este animal a partir del análisis de los documentos que generó la creación de dicha raza mediante la metodología propia del análisis histórico. En este trabajo se demuestra que la raza española se debe a la decisión que el rey de España, Felipe II (1527-1598), adoptó para conseguir un caballo con la morfología que desde la antigüedad clásica había sido descrita por Simón de Atenas, Jenofonte, Columella o San Isidoro de Sevilla, como la más perfecta para un équido. Para la consecución de este animal se tuvieron presente, entre otros, tres parámetros básicos: nobleza, belleza y movimientos elevados. La nobleza se eligió porque la raza era para el rey y, consecuentemente, su seguridad era primordial. La belleza sería un elemento básico al transformarse las necesidades y los gustos estéticos en la sociedad renacentista. Con el paso de la nobleza guerrera medieval a la palaciega renacentista, se pasó del caballo tosco y pesado del medievo al bello e impactante de finales del siglo XVI conseguido en Córdoba (España). Por primera vez no se buscaría la mejora del caballo como animal, sino que se trataba de conseguir unas determinadas características morfológicas. Por último, se seleccionaron caballos con elevados movimientos que ensalzaban la figura del jinete y eran capaces de realizar, con una belleza hasta entonces desconocida, aires de alta escuela como cabriola, alzada, posada, passage, piaffe, etc.
Esta relevante aportación al mundo del conocimiento científico pone de manifiesto, entre otras muchas, cuestiones tan interesantes como son el hecho de que la morfología que caracteriza al Caballo Español no se debe a caprichos de la naturaleza, sino a la culminación de un proyecto ideado por y para un rey. En la creación del Caballo Español hay un periodo primordial comprendido entre 1567, cuando Felipe II mandó comenzar el proyecto abriéndose el primer Libro Registro del mundo de una raza caballar, y 1625 cuando la raza empezó a estar de moda en todo el mundo. Según la bibliografía anterior al libro de Juan Carlos Altamirano este periodo de la historia del Caballo Español es confuso y lo único que aparece es la afirmación que habla de la mestización de esta raza con la napolitana en el año 1600. Pero, en este estudio se demuestra lo contrario; el Caballo Español no sólo no se cruzó, sino que la raza napolitana era de origen español, pues de Córdoba se llevaron yeguas y sementales españoles a ese reino. Posteriormente, y debido al lugar de procedencia (Nápoles), se denominaron napolitanos.
Altamirano demuesta que la morfología que configura al Caballo Español tienen una razón de ser y no un producto de la naturaleza sino la culminación del proyecto de mayor envergadura conocido para configurar una raza de caballos. Una de las características morfológicas, que extraemos del estudio, decisiva en la aparición de la raza fue la capa torda. Según el Diccionario Ecuestre Español, del mismo autor, "capa torda es la que presentan las caballerías de diferentes tonalidades que con el paso del tiempo va volviéndose blanca". Esta capa es mayoritaria en la raza española y ello es debido a dos factores importantes: el primero de origen genético por ser dominante el gen que la determina. Pero existe otro factor más relevante desde el punto de vista histórico; la raza fue concebida en el siglo XVI sobre esta capa, porque en ese periodo histórico la base del pensamiento científico era la doctrina humoral de la Grecia clásica. Según ésta, todos los seres vivos están compuesto de cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra. En cada animal predomina uno de ellos, con sus correspondientes cualidades y humores que, a su vez, determinarían su físico y su temperamento. Si predominaba el agua, manifestaría la capa blanca, de la que se decía que era bondadosa porque producía buenas cosechas. Por lo tanto, los animales en los que predominara en su estructura este elemento, serían generosos y nobles, lo que los hacía ideales para el rey. Si predominaba el fuego, quedaría reflejado en la capa rojiza (alazán) y se rechazaría por el carácter colérico que tendrían los animales de esta capa...
El Caballo Español es uno de los animales más nobles que existen. Pero ello no es debido al azar, sino a que en la selección de esta raza siempre se tuvo presente la nobleza. La búsqueda de la nobleza para la raza española, se ha heredado, desde su comienzo, de padres a hijos y ello hizo que fuera una de las características por la que se identifica. Podemos definir al Caballo Español como la idealización de un caballo en el subconsciente humano con todas las virtudes posibles en un équido.

HISTORIA DE LOS CABALLOS CARTUJANOS-JUAN CARLOS ALTAMIRANO
Por Eliseo Ferrer
(Revista PURA RAZA, 11-99)
Antes de hablar de la nueva (ya vieja) obra del señor Altamirano, que al igual que el rayo de Gustavo Adolto no cesa de iluminar nuestras cavernas, me van a permitir los lectores poner unos cuantos asuntos de cara y al derecho, pues el orden factorial es la única manera de que hablemos en serio y no en broma de algunos libros:
a)Afrontar con propiedad una cuestión (la cartujana o la irlandesa...), más que desprendernos de nuestros intereses y legañas (que también hace al caso) nos exige unos códigos de lenguaje que impidan que terminemos chapurreando en medio de un diálogo de besugos.
b)El trato objetivo con el mundo (y con los resultados de una obra literaria y científica) exigen al mismo tiempo una confianza previa en el mundo y en la más noble intención de todo autor, aunque yerre de cabo a rabo o mienta como un bellaco (que no es precisamente el caso). O lo que es lo mismo: por más que lo intento, no puedo imaginar al señor Altamirano bajo la luz mortecina de una vela falsificando con tinta correctora los legajos y documentos del archivo del Ayuntamiento de Arcos de la Frontera.
c)Nuestra cultura, por lo demás, establece un orden de prioridades que no se lo salta ni Dios. Y en esa escala, y dentro de lo que conocemos como Cultura Moderna, los argumentos de autoridad, lo mismo que los argumentos de la tradición, no gozan de muy buena reputación que digamos, si no van acompañados de las credenciales de la objetivamente compartido y empíricamente demostrado: datos, documentos, etc.
d)La ciencia no habita en la montaña sagrada: es algo tan sencillo como un conjunto de andamios bien armados y atornillados en los que trabajan sin red imprevisibles funambulistas. En la montaña y en el bosque sagrado habitan los mitos y las leyendas. Tan sencillos y modestos se han vuelto los hombres de ciencia que desde hace tres siglos ya no nos dicen ni lo que el mundo es ni lo que debe (que para eso están los teólogos, los gurús y los oráculos délficos). Estos señores se limitan a establecer representaciones de más o menos fortuna (muy a menudo, cuadros numéricos) que se conforman y entretienen con una relativa coherencia respecto a los axiomas.
e) Y por último, que a nadie le queda ninguna duda, lo que en todo fin de trayecto resulta a veces desalentador. Que todo trabajo teórico será siempre manejado a capricho por los intereses, los poderes y las fuerzas mundanas más abyectas. La sociología de la ciencia apareció en escena hace veinte años para explicarnos lo que ya intuíamos: que el mundo es así de borde e impertinente...
Con similar andamiaje, y quizá sin tanta complejidad de base (porque Altamirano no es un epistemólogo, sino un investigador histórico), el autor de Historia de los Caballos Cartujanos se arma de la lupa de Sherlock Homes y de la paciencia del santo Job para, igual que en libro anterior, no dejar cabos sueltos en el tintero y probar empírica y documentalmente todas y cada una de las afirmaciones que va postulando previamente. La novedad, esta vez, estriba en el hecho de que, junto al hábil manejo de las fuentes documentales, introduce una fácil y constructiva hermenéutica en torno a la obra de Ruy de Andrade (y posteriores) que, en reciprocidad con las fuentes que brotan de los precipicios de Arcos de la Frontera, genera un hilo argumental que hace que las páginas del libro de Andrade (y posteriores) se vayan cayendo de las manos como los naipes de una baraja desteñida de taberna.
No se trata de que Historia de los Cartujanos sea un libro más creativo que Historia y Origen del Caballo Español. Tanto el uno como el otro son, por definición, dos obras en las que los archivos y las fuentes documentales rescatadas de apolillados anaqueles se presentan como pieza imprescindible del discurso y no como ilustración estética, o como el fardo o la gavilla que algunos han creído descubrir, con más torpeza que malicia. Lo llamativo. no obstante, en Los Cartujanos es el original feed-back que establece en su parte última entre las páginas temblorosas de la "biblia de Andrade y los documentos que rescata del Archivo Municipal del pueblo de los Zapata.
Evidencias como pianos, mientras no se demuestre lo contrario, que no conformes con el detalle, aspiran a la verosimilitud, dentro una representación coherente tanto de la historia del caballo español como del propio(s) texto(s) del autor. Pues no hay que descartar en este último libro la lectura que convierte el analítico puzzle de "archivero" en una síntesis (holística) donde muchos de los argumentos ya probados terminan encontrando un nueva significación y sentido. Así, al final, podrá sorprender a alguien que no haya leído "Historia y origen" encontrar, tras su "jesuítico" descubrimiento, la afirmación aparentemente gratuita de que la Compañía de Jesús, que dio brillo al hierro del Bocado, se aprovisionara de parte de los caballos de las Reales Caballerizas de Córdoba. Esta vez Altamirano realiza un trayecto de ida y vuelta y no necesita presentar citas a pie de página, porque todo ello quedó suficientemente probado en los "Historia y Origen.... Altamirano retorna al sentido: a estación del punto de partida...
Conclusiones?... Que derrumbada la conjetura por el poder sugestivo de la doxa, y apeados los cartujanos de su mítica cabalgadura, ya sólo es cuestión de que nos recuperemos cuanto antes del estupor creado para empezar a escribir, de una vez por todas, el verdadero libro de las estirpes del caballo de pura raza española: la que parte del propio hierro del Bocado y las que, de manera indudable, germinan en la Yeguada Militar.
Por lo demás, es natural que toda provocación, cuando se lleva a cabo con inteligencia y se fundamenta con rigor, se convierta en motivo de zozobra e inquietud. Del mismo modo que la inteligencia, cuando se argumenta con rigor y toca modas e intereses que palpitan, se convierte siempre en una provocación.


Sr. Altamirano, acabamos de leer su obra "Historia y origen del caballo español. las caballerizas
reales de Córdoba" y estamos positivamente impresionados... Estamos seguro de que
está ofreciendo usted un nivel al mundo del caballo, en particular al P.R.E., que este
sector debe reconocerle sin dudas ni paliativos. Vamos a hablar por ello a fondo, pero con
claridad coloquial que nuestros lectores merecen. Esta larga entrevista es parte de esa
contribución y reconocimiento que pedimos desde nuestras páginas. Cuéntenos, en
consecuencia, y para entrar en materia, cuáles fueron los orígenes: las primeras
motivaciones, ideas y contactos personales que le llevaron a ponerse manos a la obra en un
trabajo de tanto riesgo.
Básicamente han sido dos razones las que me llevaron a dedicar 15
años de mi vida a investigar el origen de nuestro caballo; una, mi afición a los
caballos y, otra, las dudas que me planteó la lectura de la bibliografía existente.
El inicio de mi investigación partió de la curiosidad que me
despertó la lectura de unas cartas de Carlos V dirigidas al marqués de la Guardia, en
las que le pedía caballos para la comitiva del día de su coronación como emperador de
Austria. En ellas se aprecia la imposibilidad del, entonces, "dueño" del mundo
para conseguir caballos de una cierta calidad, y en contraposición, toda la bibliografía
decía que los caballos del ejercito español eran extraordinarios. También influyó y de
forma importante la, para mí, dudosa explicación que se venía dando sobre que la
morfología actual del caballo español se debía a la evolución natural. Y fue decisivo
el hallazgo de un documento en el Archivo General de Simancas que relataba la compra de
una partida de ladrillos para construir una cuadra para un rey. No sabía para que rey era
porque el documento no estaba fechado, después de investigar resultó ser una factura de
la construcción, por orden de Felipe II, de la que sería la mejor cuadra del mundo: las
caballerizas reales de Córdoba. En ese momento, no llegue a conocer la relación que
había entre las caballerizas y la creación del caballo español, la hipótesis que
vincularía a ambas surgió posteriormente.
¿Su anterior libro "Diccionario Ecuestre Español" fue de alguna utilidad para
hacerle vislumbrar la hipótesis que confirma, a través de su investigación, la
"Historia y origen del caballo español"?
No, todo lo contrario, aunque se editó primero el Diccionario, el
libro sobre la historia del caballo español estaba terminado. Precisamente, el
Diccionario fue el resultado de la enorme cantidad de palabras desconocidas que pude
reunir al ir transcribiendo la documentación con la que trabajé para llevar a cabo esta
investigación. Tenga en cuenta que para poder escribir este libro he transcrito más de
cincuenta mil documentos.
Dueño de un trabajo de investigación y de una metodología impecable, no cae usted en el
empirismo probatorio y algo corto de vista en el que caen muchos investigadores
históricos. Como el inventor de la Nueva Ciencia, parte usted de un planteamiento
netamente Moderno, cual es el de la idea previa -lo dado (en sus esquemas mentales)-. Y
usted reconoce expresamente antes de hablar de los caballos cartujanos que "lo
dado" es el mito improbado y jamás argumentado de la yeguada cartujana ¿Conoce los
riesgos de su trabajo? ¿Por qué esa perpetuidad del mito?
Bueno, nunca he pensado en
el riesgo de mi investigación. Siempre fui consciente del alcance del trabajo que estaba
realizando y sabía que algún día tendría que hacerlo público, aunque reconozco que,
en algunos momentos, pensé en no publicarlo, sepa que muchos amigos han escrito libros
que ofrecen una teoría opuesta a la mía. Pero, por otra parte, me encontraba con la
obligación de exponer públicamente el resultado de mi investigación.
Con relación a los mitos creo que se mantienen mientras no exista una
propuesta racional alternativa. En el caso de los caballos cartujanos supongo se ha
perpetuado mientras no se ha conocido otra versión histórica de los hechos.
Posiblemente, ese desconocimiento ha favorecido la credibilidad de las leyendas y
fantasías que han sido utilizadas por los más avezados en defensa de unos determinados
intereses. También ha podido influir la comodidad que supone creer en lugar de trabajar
para adquirir el conocimiento necesario que permita realizar una crítica de la tesis que
nos presentan. Precisamente, hace unos días he escrito un artículo para una revista
estadounidense en la que relaciono la relegación de las humanidades con lo que hasta
ahora se ha sabido de la historia del caballo español.
Desgraciadamente, éstas han sido pospuestas por nuestros gobernantes
en favor de los proyectos tecnológicos, lo que ha llevado a que los conocimientos sean
sustituidos por las creencias, como he señalado.
Magistralmente, metodológica y argumentalmente hablando, confirmadas sus hipótesis: el
caballo español como construcción social e histórica acaecida en Córdoba en el siglo
XVI frente al "cuento chino" del caballo cartujano como descubrimiento, ¿es
consciente del dilema -y hasta de la tragedia- cultural, ideológica y económica que nos
brinda? Tras su trabajo, yo, en mi modesta opinión, pienso que no hay alternativa. Una de
dos: o seguimos siendo el país más inculto y patán de Europa y dejamos las cosas como
están, o la leyenda de los cartujanos se rompe en mil pedazos...
Si, consciente si soy, comprenda que llevo muchos años elaborando este
trabajo y muchas veces me he planteado cómo asumirían los lectores un cambio tan brusco
de mentalidad en este tema tan apasionante. Pero no creo que se deba plantear la cuestión
en esos términos porque sé que la mayoría, cuando conozcan otra versión de los hechos,
darán un giro mental de ciento ochenta grados sin ningún problema. Lo que tuvo que ser
un drama fue cuando un señor demostró que la tierra no era plana, sino redonda, y que no
era el centro del Universo sino un planeta más que giraba alrededor del sol. Mi opinión
es que se creen ciertas fantasías, más que por incultura, por comodidad. Desde el punto
de vista económico, mi estudio puede influir positivamente en beneficio de la mayoría,
porque es una minoría la que defiende a "capa y espada" y sin argumentar la
fantasía de los caballos cartujanos.
En cuanto a tener que seguir siendo el país más inculto de Europa, le
voy a contar un secreto. Antes de publicar la Historia y origen del caballo español me
puse como fecha para que los lectores comenzasen a aceptar mi tesis sobre el origen de
nuestro caballo, unos cinco o seis años, pensando como usted está pensando ahora. Mi
sorpresa ha sido que en sólo unos meses se ha admitido y asumido. Y lo que,
indudablemente, no va a quedar igual, aunque algunos intenten perpetuar, es la fantasía
de que los caballos del bocado son descendientes directos de los cartujanos y por lo tanto
más puros que el resto de caballos españoles. Aunque habrá personas que aún
demostrándole el equívoco en el que estaban preferirán seguir creyendo en la fantasía.
Esto ha llegado a ser para algunos un acto de fe.
Y ya que estamos con el dedo supurando en la llaga, cuéntenos, en esquema, la idea
previa/la hipótesis y la tesis argumental, probatoria, documental y bibliográfica de su
nuevo trabajo sobre el caballo cartujano.
Lo primero que diría con relación a la leyenda de estos caballos es
que en ninguna de las áreas de la ciencia se construyen teorías con las hipótesis no
verificadas. Quiero decir con esto que cuando se afirma que un hecho ha sucedido (la
compra de la ganadería cartujana por el présbitero Pedro José Zapata) hay que demostrar
que efectivamente ocurrió, ya sea en el terreno de la descripción, o en el de la
explicación, pero, en todo caso, no basta con la narración del hecho: hay que
demostrarlo. Además, la forma de hacerlo no es deducir de una teoría general, construida
especulativamente, sin apoyo en los datos de la realidad, las explicaciones, sino justo lo
inverso. La propuesta metodológica de la inducción, que surgió con la Revolución
científica y que es la base del conocimiento científico actual, exige la verificación
de la hipótesis a través del análisis de los datos para construir teorías generales.
Pues bien, en el caso de la leyenda de los caballos cartujanos, para
que se acepte una versión opuesta a la teoría defendida hasta hoy, habría que presentar
la documentación que generó algo que nunca sucedió, ¿qué le parece? Es como si usted
dijera que es propietario de una vivienda de la cual la escritura está a mi nombre y un
tercero, para declarar de quién es la propiedad no acepte mi escritura sino que me
obligue a enseñarle otra en la que diga que usted nunca compró la vivienda. Realmente
las personas que defienden este sistema no se han parado tan siquiera a pensar en ello. Es
como dije antes, un acto de fe.
Una de las preguntas que me planteé en el inicio de este trabajo fue
por qué se había omitido de la bibliografía actual, de forma intencionada, la carta que
Vicente Romero escribió a Ruy de Andrade y que éste exponía en su libro Alrededor del
caballo español. Esta carta, es primordial para clarificar la pureza de origen del hierro
del bocado, pues en ella se demuestra todo lo contrario de lo que algunos ganaderos y
autores han estado defendiendo. El propio Vicente Romero afirmaba en esa carta que cruzó
sus dos ganaderías (la que dice que le compró a Zapata y la que ya poseía que herraba
con un hierro en forma de corazón coronado); pues bien, la solución preferida por todos
los que la conocen ha sido ignorarla y de esa forma dar veracidad a la teoría que se
quería sustentar de que esta línea nunca se cruzó.
Otra duda que tenía planteada era cómo se pueden ocultar ochocientas
yeguas, que según algunos autores tenían los cartujos, en una sierra llena de
guerrilleros y con el ejercito francés persiguiéndolos, durante más de dos años. Y,
por último, me sorprendía lo extraño de la compra de Pedro José Zapata del ganado de
la Cartuja en un momento en el que, como él sabía, se estaban requisando los caballos
como hecho normal y previo a cualquier guerra de la época. ¿Tan osado era este
sacerdote?
En cuanto a las fuentes utilizadas, me baso, al igual que en mi
anterior libro, en la documentación que he podido reunir de diversos archivos. Entre
ellos el Archivo Municipal de Jerez de la Frontera al que, inexplicablemente, estos
autores ni siquiera fueron para ver si había alguna documentación sobre la ganadería de
los cartujos. Si hubiesen investigado en él, no hubieran escrito lo que han expuesto en
sus estudios.
Afortunadamente he encontrado toda la documentación necesaria para
cuestionar todos los soportes en los que se apoya la idea de que los caballos del bocado
son cartujanos y para afirmar que la compra de la ganadería cartujana por Zapata es una
transacción que no se produjo. Tampoco el ganado cartujano llegó a ir a la finca de la
Breña del Agua. Ni el hierro del bocado se debe al diseño de Zapata para herrar a los
caballos cartujanos. Ni su hierro era éste y ni tan siquiera el origen del hierro del
bocado que nos han presentado es cierto. Son éstas y otras muchas cuestiones las que
expongo en mi nuevo libro Historia de los caballos cartujanos.
¿Ha perdido muchos amigos? ¿Qué críticas desfavorables y qué comentarios ha recibido.
Sea usted sincero.
No creo que por el hecho de exponer el resultado de mi investigación
pierda algún amigo, si lo perdiese sería porque, realmente, no era amigo. Los verdaderos
se han alegrado bastante del resultado de mi investigación. Incluso, he tenido la suerte
de ampliar su número. El impartir conferencias sobre mi trabajo en distintos países me
está permitiendo conocer a personas que, posiblemente, no hubiera conocido si no hubiese
realizado este estudio. Son muchas las que me han llamado por teléfono y otros que me han
escrito felicitándome a los que, aprovechando esta ocasión, les doy las gracias. En
cuanto a comentarios o críticas desfavorables no he recibido ni una sola. Bueno, hay un
comentario dando vueltas por ahí que, según me han informado, procede de algunos
criadores de caballos del "bocado". Dicen en contra de mi estudio, que los
documentos que sustentan la investigación pudieran ser falsos porque en esa época
también existían documentos falsos. ¿Qué le parece la crítica? Cualquier persona con
un mínimo de cultura histórica, sin necesidad de que sea un especialista, se podrá dar
cuenta de la falta de solidez que tiene. Parece más bien que en lugar de una crítica
metodológica sea un problema de intereses.
...Pero, de alguna manera, su obra ridiculiza a muchos de los siete sabios que van por
ahí por los concursos defendiendo esencias.
Mi intención, como comprenderá, no ha sido ridiculizar, ni tan
siquiera disentir de las teorías defendidas por otras personas. Como investigador sé que
la historia de nuestro caballo no termina aquí, precisamente en cualquier proceso de
investigación siempre quedan abiertas preguntas que deberán obtener respuesta en
posteriores trabajos. Ahí están los Archivos y las Bibliotecas para que otras personas
puedan continuar en esta línea.
En cuanto a los siete sabios creo que si alguien se cree sabio tiene un
verdadero problema, pues poco aprenderá. Pensar que uno es alguien, o que está por
encima del resto sólo demuestra que posee una visión localista y provinciana y
consecuentemente, ignorante. Nadie está en posesión de la verdad absoluta y sólo la
humildad es reflejo de sabiduría.
Un asunto de índole menor, pero que debemos considerar en este sentido... Ese gran
reportaje (publicitario) sobre los caballos del Bocado publicado en un dominical de un
gran periódico nacional, escrito por un articulista de lujo como Savater, y sabiamente
relacionado y aderezado a base de arte y más arte, con las fotos de ¿pudo tratarse de
una réplica a sus trabajos, un contraataque estratégico a su publicación cree usted que
se debió a la pura casualidad? Las fechas son sorprendentes...
Supongo que no tiene nada que ver con mi estudio. No creo que el propio
Estado se enfrente a un investigador desconocido. Si realmente existiera algo en la
trastienda de lo que usted insinua, sólo lo tomaría como una huida hacia delante en un
momento en que lo más inteligente sería replantearse lo ocurrido en los últimos años y
tomar decisiones que mejoren la situación actual de calidad de estos caballos. Pero, eso
sí, su exposición denota, una vez más, la ignorancia que se tiene de la realidad
histórica de esta ganadería. El articulista, que sin duda es, como usted dice, de lujo
creo que desconoce las vicisitudes de los caballos cartujanos y de la verdadera historia
de la ganadería de Zapata. Pienso que es un artículo que le han pedido que escriba y
que, por supuesto, este tema no lo domina. En lo que si le doy la razón es en cuanto a la
coincidencia de fechas y, sobre todo, en el ímpetu propagandístico que existe en este
momento.
Que opina sobre el "Morfológico del caballo cartujano" que se va a celebrar y
el por qué de este evento.
Pienso que toda la promoción que se pueda hacer del caballo español
es buena. Pero denominar a un concurso por ese nombre me parece una ridiculez terrible.
Además, ayuda a aumentar la ya desmedida confusión que existe sobre la denominación de
nuestro caballo que está haciendo, incluso, que en el extranjero se vendan caballos de
otras razas haciendo creer que son españoles. El mes pasado estuve en Estados Unidos
impartiendo dos conferencias y me di cuenta que existe una gran confusión que estan
aprovechando nuestros vecinos portugueses, para afirmar que el caballo español y el
lusitano es el mismo caballo, el ibérico.
Creo que la Jefatura de Cría Caballar debería tomar carta en el
asunto y obligar a cualquier Concurso que esté dentro de su jurisdicción a usar un sólo
nombre que identifique al caballo español. Una cosa es utilizar el nombre de cartujano en
un diálogo coloquial y otra cosa es hacerlo de forma oficiosa que pueda inducir a
confusiones. Yo no soy ganadero y por lo tanto no me afecta económicamente pero hay
muchos criadores que se pueden sentir dañados por la publicidad engañosa y pudieran,
incluso, denunciar a las ganaderías que utilicen la denominación de cartujano sin probar
que lo son realmente.
Si le soy sincero, creo que se está organizando este morfológico para
que, al fin, ganaderos y caballos de esta línea puedan conseguir algún premio o
reconocimiento puesto que, últimamente, en competencia con el resto de los caballos
españoles les esta resultando difícil lograr. Esta línea de caballos tiene, desde hace
tiempo, graves problemas genéticos importantes, durante años estuvo mal seleccionada y,
comparativamente, se ha quedado atrás. En la actualidad, aún dando algunos caballos
medio aceptables, se encuentra bastante lejos de su pasado glorioso de los años sesenta y
setenta. En estos momentos sus principales enemigos son sus propios criadores y el
desconocimiento de su historia. Son prisioneros de su propia fantasía, el falso origen
cartujano.
Hablando de bibliografía, es sorprendente asimismo que en un libro tan documental y de
tan amplia bibliografía como el suyo, muy poco habitual en el mundo del caballo, apenas
cita tres clásicos del caballo español, ¿Cuál es hoy el papel del
"Cartujano" del doctor Sanz Parejo, el del portugués Andrade o del
"Caballo de Reyes" de Llamas? ¿Siguen teniendo vigencia?
El trabajo lo he elaborado básicamente a partir de las fuentes
manuscritas, las que se generaron en el proceso de consecución del caballo español, y la
bibliografía que he utilizado es la relacionada con el soporte metodológico del estudio
o la que servía para contextualizar o explicar los aspectos relacionados con los temas
que iba analizando, lo habitual y lógico en cualquier investigación.
Con relación a otros libros sobre nuestro caballo permítame que sólo
le hable del libro de Ruy de Andrade, al que, posteriormente, todos los autores han
copiado. Soy consciente de que este libro ha sido considerado, durante muchos años, como
un clásico y que a muchas personas les extrañará mis palabras pero, como me pregunta mi
opinión sobre la influencia de este estudio, no tengo más remedio que contestarle que,
desgraciadamente, ha sido utilizado como espejo para que otros autores posteriores
transmitieran sus mismos errores e, incluso, sus invenciones. Este señor escribió su
libro sobre la historia del caballo español y de los cartujanos basándose,
fundamentalmente, en simples comentarios que le hicieron conocidos suyos en sus viajes a
España a principios de siglo los que, casualmente, le habían vendido caballos
haciéndole creer que procedían del monasterio de la Cartuja. También añadió sus
propias deducciones y especulaciones, e, incluso, llegó a inventar pruebas para que
cuadrara la historia que quería defender.
Y ahora, si me permite, voy a hacerle una consideración crítica, no vaya a ser que tanta
admiración resulte sospechosa. Aun entendiendo que el libro cumple ampliamente sus
objetivos, yo he echado en falta algo que seguro han echado en falta muchos sabios y
ganaderos. Es un libro que se lee con voracidad y que se lee en un día... Es un libro,
por ello, al que se le pide más y más. Y uno tiene la impresión de cómo si en una
novela de misterio "el escenario del crimen" se leyera en una sola línea. Me
refiero a la ausencia de los testimonios de los ejercicios de ensayo y error en que se
basó la selección, de los nombres de yeguas y sementales legendarios que intervinieron
en la factoría de Córdoba, de los intereses ganaderos (si los hubo) y de las vicisitudes
técnicas padecidas (las presupuestarias están muy claras) por Diego López de Haro.
Primero, gracias por sus elogios. Y segundo que yo quisiera tener en mi
poder toda la documentación que pueda existir con relación al caballo español, pero ya
encontrar la necesaria para poder realizar mi estudio ha sido bastante difícil y
laborioso, toda pienso que es prácticamente imposible. A este trabajo de investigación
le he dedicado, como le he dicho, quince años de mi vida y, de estos años, el mayor
espacio de tiempo lo he tenido que dedicar a la búsqueda de la documentación. También
quiero decirle que, en principio, este estudio iba contenido en un manuscrito de más de
ochocientas páginas que tuve que reducir porque pienso que hubiese sido un error editarlo
de forma tan extensa. Le puedo adelantar que tengo prevista una segunda parte y aún así
quedarán muchas conclusiones sin ser expuesta. Poco a poco intentaré publicarlas para
los que estén interesados. Le voy a poner un ejemplo de la dificultad de este tipo de
investigación y es que no siempre aparecen los documentos necesarios o los que deseamos:
llevo muchos años buscando un diario o un libro de notas que, por la forma de ser y de
actuar de Diego López de Haro, debió llevar este caballerizo, creador de la raza. Por
las conclusiones que extraje de la documentación creada por él, debió ser una persona
muy meticulosa y dudo que dejara al azar cabos que se le pudieran olvidar llegado el
momento de utilizarlos. Y ahora le pregunto: ¿existió ese diario?, ¿se destruyó con el
paso de los siglos?, ¿lo encontraré o lo encontrará alguien algún día? Estos, entre
otros, son uno de los grandes problemas con las que nos tropezamos todos los
investigadores. Muchas lagunas se quedan atrás y espero que otros investigadores
encuentren toda la documentación que yo no he podido localizar. Pero, sí que le puedo
asegurar que tengo reproducción de documentos en los que aparecen nombres y
características de caballos que influyeron tanto de forma positiva como negativa en la
creación de la raza española, pero este libro tiene 272 páginas y, en el futuro, habrá
más libros donde iré exponiendo otras cuestiones relacionadas con nuestro caballo.
...Incluso, profundizar algo en esa cultura barroca y en los motivos técnicos que
dictaron los caracteres constituyentes de la raza. Un ejemplo en ese sentido: la
construcción de la capa torda la presenta usted como un mito cultural de la época.
Perfecto... Nada en contra de su exposición, que es magistral. Pero quizás muchos
lectores quedarían más agradecidos y conformes si usted profundizara en otro libro sobre
la influencia, pongo por caso, de ese otro clasicismo, populachero y callejero, de los
siglos XV y XVI, donde se imponen las mitologías presocráticas frente a las doctrinas de
los filósofos: los cuatro elementos, por ejemplo, de Empédocles: aire, agua, tierra y
fuego, donde usted sustenta su trabajo sobre las capas...
Respecto a la cultura barroca, he hecho referencia a ella como el marco
cultural en el que hay que situar al caballo español para explicar determinados elementos
de su morfología. No creí necesario extenderme en su significado o trascendencia, pues
para eso me remito a la bibliografía: ahí está el fundamental trabajo de José Antonio
Maravall que cito para que lo puedan consultar los que quieran profundizar en ella.
En cuanto a la doctrina de los cuatro elementos, es el substrato
teórico de la ciencia antigua, greco-romana, que fue asimilada por los árabes, llegando
hasta el occidente cristiano medieval. Como se sabe, durante el Renacimiento, la vuelta a
la ciencia griega fue uno de los puntos del programa humanista, guiado por el criterio de
autoridad, de ahí que esta doctrina tuviera absoluta vigencia durante la creación del
caballo español. Los filósofos presocráticos (s. VI-IV a.C.) abandonaron las
explicaciones míticas, mágicas y creenciales, de la naturaleza y todo cuanto hay en
ella, y elaboraron racionalmente un concepto que daría razón de ser de todo cuanto
existe: la physis o naturaleza. Cada animal, cada planta, cada persona tenía una physis,
una naturaleza, que la hacía ser lo que era. Cada naturaleza estaría compuesta por
cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, y cada elemento tenía dos cualidades, de
manera que la tierra sería fría y seca, el aire húmedo y cálido, el agua fría y
húmeda y el fuego seco y cálido. Esta teoría, elaborada especulativamente, pero a
través de la razón, a diferencia de las culturas anteriores, sería el marco general a
partir del cual deducirían todo lo relacionado con las cuestiones biológicas, médicas,
conductuales, etc. Desde entonces hasta la Revolución científica (s. XVII) estuvo
vigente como teoría general que explicaba la realidad, por ello se aplicó a la
selección de las capas del caballo español.
Repito que mis críticas no invalidan para nada sus trabajos. Al contrario: hay que
entenderlas como una colaboración entusiasta tras el entusiasmo que su libro despierta.
Las razones políticas y la estética que impone la grandeza del imperio y su relación
con las monarquías europeas creo que están perfectamente desarrolladas.
Gracias.
...Lo mismo que sus consideraciones sobre el arte ecuestre y su concepto de raza como
convención cultural: correctísimas de todo punto. No se si usted sabe - y me va a
permitir este inciso documental- que claude Levy-Strauss, con su misma teoría sobre la
Raza, consiguió desesperar y llenar de estupefacción a los doctos funcionarios de la
Unesco. Ocurrió que, tras la segunda guerra mundial, había que ideologizar (y hacer
ciencia) sobre el primado de las libertades individuales frente al oscurantismo
nacionalista, étnico y racial. Y el caso es que la Unesco le financió un trabajo donde
debía demostrar que las razas no determinaban ámbitos de cultura. Eran los esquemas del
liberalismo triunfante en la guerra... A la postre Levy-Strauss fue tan meticuloso que
terminó dándole la vuelta al calcetín y en lugar de hacer la regular propaganda que se
le pedía terminó elaborando un riguroso trabajo antropológico (Raza y Cultura), donde
llegaba a la conclusión de que, muy lejos de determinar la cultura, la Raza no era otra
cosa que un convenio cultural entre individuos. ¿No corre usted el mismo riesgo de
sembrar la perplejidad en un ámbito de lectores ganaderos que todavía no han leído a
Levy-Strauss?
En parte sí, es posible que algunos lectores no hayan comprendido esa
parte de la exposición de mi trabajo pero había que exponerla, aún a pesar de lo que
usted insinúa sobre el riesgo de sembrar perplejidad en algunas personas. Es mi visión
sobre el concepto de raza que lo he expuesto en este libro como lo hubiese hecho en
cualquier otro tipo de trabajo que tuviera relación con ello. La realidad es que el P.R.E
es, sin duda, consecuencia de nuestra cultura.
...En consecuencia, preguntarle por el esencialismo o el historicismo de la RAZA no tiene
sentido. Usted nos muestra al desnudo el Caballo Español como fruto de una construcción
histórica y de un convenio entre López de Haro y Felipe II. ¿Ello permite pensar que el
Caballo Español, como todo lo humano, pueden cambiar a conveniencia e interés del
momento histórico?
Más que un convenio entre Felipe II y Haro, es, como digo en mi libro,
la culminación de un proyecto para conseguir el caballo que todo el mundo quería
conseguir. Este, estaba bien definido porque se le atribuían las cualidades de la
perfección.
Indudablemente, el caballo español de hoy ha cambiado respecto al de
finales del siglo XVI. Puede que sea esta parte la que más me entusiasmó en mi
investigación; el cómo influyó la cultura andaluza en el nacimiento y conservación de
esta raza que es parte de ella. Y, al ser parte de ella, tal y como vaya cambiando nuestro
gusto, el caballo español se ira modificando. Por ello soy partidario de mantener el
actual Reglamento de la raza y no entrar en simples detalles que a largo plazo
perjudicaría su selección. Recuerde, ya que hemos hablado de ellos, que la alzada media
de los caballos cartujanos antes de su desaparición, hace apenas dos siglos, era de 1,48
cm. En la actualidad un caballo con esa alzada sería considerado un poni. También que se
buscó para nuestro caballo ollares redondos porque se creía que el caballo respiraría
mejor. Hoy, esta característica la despreciamos porque nos recuerda al caballo árabe.
Asimismo se prefirió, durante muchos años, que la grupa fuera partida porque era señal
de fuerza. Hoy la eliminamos de nuestra selección porque dicen que recuerda a los
caballos de tiro, o que campanearan porque era algo distinto y hoy, este movimiento, lo
rechazamos, etc... Si hubiesemos reglamentado estas características morfológicas hoy
estarían fuera de la raza la mayoría de los caballos españoles. Soy partidario de que
todas las raza deben estar en constante evolución. Es importante evitar su estancamiento
ya que, produciría un distanciamiento físico-cultural del momento y, por lo tanto, un
alejamiento de su necesidad real y todo ello llevado al extremo, por lógica, favorecería
su posible desaparición o relegación a los parques zoológicos o a reservas para
animales en peligro de extinción.
De establecer límites a esos cambios, ¿dónde los situaría usted? Un ejemplo: la doma
clásica, expresión más alta de los tiempos... Los guardianes del templo dicen que es
perjudicial para la salud del caballo español...
No suelo establecer límites a la belleza, todos sabemos que la belleza
es relativa. El gusto del ser humano es cambiante y hemos pasado de la estética de la
figuras obesas de Rubens al modelo de extrema delgadez actual, casi al borde de la
enfermedad. No soy partidario de la mejora por clonación de los animales, con vista a un
largo periodo de tiempo, este sistema se volvería contra nosotros. Las razas, como he
señalado, deben mantener la variabilidad genética que permita la evolución que el
hombre necesite.
Con relación a la doma clásica, creo que no es perjudicial para la
salud del caballo español, sino todo lo contrario es un nuevo campo del que, por el
aislamiento político que padecimos, nos hemos encontrado un poco alejados de la corriente
que se desarrolló en Europa. Pienso que lo perjudicial es apartar de nuestra doma los
aires altos tales como: cabriolas, alzadas, posadas, paso español, etc. Precisamente, es
en estos aires donde el caballo español manifiesta sus cualidades y belleza. Donde veo el
problema es en el supuesto de que prospere la corriente actual que pretende eliminar de
nuestro léxico la palabra Alta Escuela porque existe la denominación de Doma Clásica.
Creo que lo más razonable es no mutilar nuestro vocabulario y lo perjudicial, a no muy
largo plazo, intentar eliminar los aires antes señalados de nuestras enseñanzas por
acercarnos a la doma clásica. Hay campo para las dos.
Si le parece vamos a terminar hablando de las formas. Uno desconfía un poco de los libros
que llevan muchas y buenas fotografías. Se menosprecia el texto... Su libro, en cambio,
es una excepción que nadie podía imaginar: hubiera podido ser editado y distribuido por
una editorial de prestigio... Y lo ha hecho con unos materiales y con una calidad
extraordinaria. ¿Qué criterios editoriales ha aplicado y en qué tipo de lectores ha
pensado? ¿Sabe si lo han leído todos quienes lo han comprado?
Le voy a contestar primero la segunda pregunta: se sabe que el
aficionado a los caballos es poco lector y siempre he pensado que muchas personas compran
libros para después no leerlos. Por eso pensé que el mío algunos lo compraron con
intención de leerlo pero que al final no lo harían. Después he llegado a la conclusión
que bien por interés de aprender un poco, por curiosidad por lo que expongo o para hacer
una crítica, los que no lo habían leído, lo están haciendo porque de lo que nadie
está ajeno es a la "movida" que ha suscitado. Le digo esto porque recibo más
noticias de personas que lo han leído ahora, que cuando salió a la venta. Le voy a
referir lo que me dijo un lector hace unos meses: "No se si venderá muchos libros,
pero le puedo asegurar que no pasará desapercibido porque para quien lo lea ya nada sera
igual".
En cuanto a la primera pregunta, tengo poca experiencia en ediciones,
pero la suficiente como para exponer el resultado de mi investigación, de la forma que he
considerado más correcta. Como comprenderá, después de tantos años dedicado a este
estudio pensé que se merecía presentarlo de una forma digna. Tampoco pensé en el
beneficio o perdida económica que me pudiera reportar una edición tan lujosa, repito lo
que mi hermano Manuel dice: recuperemos lo invertido y a cambio nos quedará el
conocimiento. Con lo último estoy realmente pagado. No quisiera ser reconocido como un
investigador que vende tantos o más libros, sino como la persona que ha intentado
explicar el origen del caballo español y su evolución histórica.