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Introducción
El descubrimiento de América en 1492, que coincidió con la expulsión de los musulmanes
del territorio español con la toma de Granada, posibilitó que la corona española
formara uno de los mayores imperios de la historia. Con los Reyes
Católicos se unificó el territorio nacional tras siglos de guerras y se construyeron los
cimientos de un naciente Imperio. Su nieto, el emperador Carlos V, consiguió
estructurarlo durante la primera mitad del siglo XVI favoreciendo que el potencial
económico, que representó la anexión de los territorios de ultramar, ayudaran a la
corona española a asentar su poderío en el mundo en los siglos venideros.
La paz que reinó en España durante este siglo junto a la riqueza procedente de América
permitió que años más tarde, su hijo Felipe II pudiera dar rienda suelta a la que,
posiblemente, era su mayor afición: los caballos, creando para sí y para el mundo el
pura raza español. Es por tanto este un caballo nacido por deseo real, como consecuencia
de los cruces de caballos y yeguas realizados en la ciudad de Córdoba con tal fin, a
partir del año 1567.
Aunque durante siglos se ha venido defendiendo que era un producto de la evolución
natural de la especie equina adaptada al medio geográfico andaluz, es en realidad la
culminación de un macroproyecto genético, económico, social y sobre todo cultural, con
el que se obtuvo el animal noble y bello que conocemos. Es por tanto una raza de caballos
prefabricada y conseguida en la segunda mitad del siglo XVI, por lo que su creación
dependió de factores de carácter social y en su modelación y conservación han
intervenido decisivamente los de carácter cultural. El pueblo andaluz ha ido
construyendo a lo largo del tiempo unas señas de identidad que han conformado el
documento tangible de su historia. Su peculiar forma de ser y de sentir la vida hizo
posible que se trasladara a este caballo andaluz parte de su idiosincrasia
haciéndose merecedor de formar parte del patrimonio cultural español.
El cambio sufrido por la nobleza medieval -guerrera- a la renacentista -palaciega-, en
este periodo histórico, caracterizó a esta última como una sociedad ociosa
dada a fiestas y espectáculos. Sin embargo, las recomendaciones médicas para hacer
ejercicios como medio de mantener la salud terminarían con el letargo de la nobleza. Los
médicos aconsejaron la realización de las actividades que, durante el período medieval,
habían sido las habituales de los nobles en la guerra. Se consideraba que dichas
actividades, al haber entrado a forma parte de la naturaleza de este grupo, no podrían
dejar de realizarse pues, su ausencia provocaría la aparición de enfermedades. Estos
ejercicios incidieron directamente en la creación de numerosos juegos ecuestres, torneos
y favoreció el perfeccionamiento de la equitación; estas distracciones conseguían que
los nobles no sólo se mantuvieran diestros en el arte de la guerra sino
que preservaban su salud. Por ello el rey las promovió creando picaderos donde la corona
y los nobles pudieron realizar ejercicios de equitación de la recién creada Alta
Escuela.
Para llevar a cabo los ejercicios de este nuevo sistema de doma iniciado en Nápoles por
Federico Grisón, Felipe II decidió crear un caballo que fuera capaz de realizar estos
aires con la belleza y la perfección requerida. El caballo existente en ese momento no
reunía tales características al ser pesado y carente de las cualidades necesarias, por
haber sido seleccionado sin fines estéticos y con el único objetivo de conseguir un
medio de locomoción.
Lo que un principio fue un simple deseo real, de carácter social y médico, terminó
siendo, tras crear en la ciudad de Córdoba al caballo español, uno de los más grandes y
queridos proyectos de Felipe II. El pura raza español se convirtió en el símbolo del
Imperio donde "nunca se ponía el sol". Resulta llamativo que el proyecto menos
conocido durante siglos de este rey, el caballo español, sea hoy su obra más difundida
internacionalmente.
Este libro consta de 128 páginas de 21x28. Papel estucado brillo de
170 gr. con 57 fotografías y 9 reproducciones de los cuadros de caballos más importantes
del mundo y los dos documentos más importantes del caballo español. Cubierta de curpiel
grabada en oro y sobrecubierta con fotografía en color plastificada con título estampado
en oro.
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